Tres connotados ex dirigentes de dicho partido político, ante la serie de renuncias y “debacle” de militantes a nivel nacional, entregaron una carta abierta en la que  Iván Navarro, Profesor; Guillermo Pérez, Abogado y Osvaldo Verdugo, Profesor, dan a conocer el porqué seguirán en la DC.

“Los firmantes de este documento hemos militado por muchos años en la Democracia Cristiana, motivados por nuestra vocación democrática y una inspiración cristiana que nos ha llevado a trabajar por los más pobres y necesitados, por la defensa de los derechos humanos, por una sociedad libre y democrática.

Hoy atravesamos una crisis partidaria profunda, que nos obliga a decidirnos y a renovar nuestro compromiso con nuestros valores y principios, con nuestra historia, con nuestros Fundadores y con el país entero, que nos ha permitido ser protagonistas privilegiados del desarrollo social y político de Chile. Queremos seguir haciéndolo. Y por ello permaneceremos en la Democracia Cristiana, sin ambigüedades, sin vacilaciones, seguros que es el mejor espacio para seguir sirviendo a nuestro país. No olvidemos que

1.- Nuestro P.D.C es un instrumento orgánico de mediación política entre la Sociedad y el Estado, para construir una sociedad más justa y digna en su convivencia social, mediante mecanismos de participación democrática y respeto a los derechos humanos de todos los chilenos.

Este fue y continuará siendo nuestro eje fundamental. Para mantenerlo y desarrollarlo, recurrimos a nuestra identidad fundante:  somos un movimiento Nacional y Popular, somos la Patria Joven que sin descanso debe seguir trabajando por la democracia participativa, por las libertades públicas y  la justicia social, en todas sus formas.

2.- La sociedad chilena está profundamente herida en sus confianzas, la dictadura fomentó la sospecha generalizada entre nosotros. Luchamos pacíficamente para reconquistar la Democracia y la Libertad, fuimos integrantes de la alianza política más exitosa de la historia de Chile, como fue la Concertación  de Partidos por la Democracia, culminando una ejemplar transición democrática, no exenta de dificultades e incomprensiones. Por cierto aún existen desigualdades, temas pendientes y brechas que resolver. La mercantilización de diversos ámbitos de nuestra sociedad, atraviesa nuestras relaciones de poder y la  convivencia social. En  el último tiempo hemos sido duramente golpeados por abusos e irregularidades de corrupción en el sector público y privado, en el civil, el militar y el eclesiástico.

Todo lo anterior se ha visto agravado por el descrédito de quienes detentan el poder u ocupan cargos de representación popular.

3.- En nuestros días de debilitamiento del sentido ético de la política, no es posible perder la capacidad de asombro frente a tanto escándalo. Ahora es cuando la confianza de los ciudadanos está en crisis. Y entonces, se alzan señeras las figuras de nuestros Fundadores, estadistas a toda prueba, cuyo legado nos muestra que para que una democracia sea verdadera, deben existir partidos fuertes, profundamente enraizados en la sociedad y poseedores de una activa y fuerte democracia interna. Cuando los Gobiernos tienen capacidad de gestionar eficientemente políticas públicas, separando derechos sociales de intereses privados, es posible retomar la confianza ciudadana.

4.- La democracia se deja modelar dentro de límites bastante amplios de conflictos y de consensos. Pero su límite está en los valores mismos que la estructuran y le dan forma. No se puede estar por afianzar la democracia como sistema político y al mismo tiempo usar métodos no democráticos para sostenerla.

No se puede pretender defender el credo democrático y no practicarlo en la estructura interna de los Partidos políticos y, por supuesto, especialmente en el nuestro. En consecuencia, en nuestra convivencia partidaria deben volver a imponerse con fuerza el diálogo, el libre juego de mayorías y minorías, la alternancia en el poder, el respeto a nuestras normas de convivencia y esa amistad cívica de la que nos habló siempre Jaime Castillo.

5.- La sociedad chilena se ha ido transformando de manera insospechada en el cambio de época que estamos viviendo: el proceso de globalización y la revolución tecnológica aplicada a la economía y a la sociedad han traído importantes efectos en la organización del trabajo, la educación, la cultura, la calidad de vida, afectando  la productividad la composición del empleo y la estructura de los salarios.

Los cambios asociados a los temas  anteriores han transformado los roles que corresponden al Estado, al mercado y a las instituciones de la sociedad civil, entre ellas las que se refieren a los actores de las relaciones laborales y las diversas formas de protección y bienestar detodos los chilenos.

Hay una mirada de futuro pendiente sobre la modernización del  Estado y el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, valorando su autonomía. Hemos avanzado mucho en crecimiento y equidad, pero falta recorrer aún un largo camino para disminuir las desigualdades y arribar a la sociedad justa y buena que nos mostró el Presidente Aylwin como un gran sueño para los democratacristianos. Sueño que estamos aún a distancia de transformarlo en realidad.

Estas tareas son las de la Democracia Cristiana. Pero ellas no se cumplen solo con alianzas políticas, o con alineamientos ocasionales que desfiguran nuestra identidad  doctrinaria y política de siempre: somos un Partido del centro político de Chile, que desde allí ha contribuido eficientemente a la reconstrucción democrática y a la estabilidad política del país.

Cada vez que hemos incursionado fuera de esa identidad, el país no lo ha representado y hemos sufrido la disminución de nuestra representación política y el debilitamiento institucional, en un proceso que hoy hace peligrar nuestra existencia partidaria. Queremos recuperar y afianzar nuestra identidad doctrinaria y política de siempre, como una prioridad ineludible. Ello nos lleva a permanecer en el Partido, porque ninguna otra posición política es mejor que la Democracia Cristiana para servir a Chile.

6.- Por todo lo anterior,  permaneceremos en la Democracia Cristiana, porque allí está nuestra historia y la razón más profunda de nuestra vocación de servicio público.

– Permaneceremos en el PDC,  porque queremos pasar de la desconfianza al reencuentro interno, constituyéndonos de nuevo en referentes para los jóvenes de Chile, que hicieron grande a nuestro Partido.

– Permaneceremos en el PDC para restituir la credibilidad en la política y en las convicciones.

– Permaneceremos en el PDC para colaborar y crear futuro.

– Permaneceremos en el PDC para fortalecer la democracia y la participación, empezando por la vida interna del Partido.

– Permaneceremos en el PDC para terminar con la corrupción, el abuso de poder, el clientelismo político y la instrumentalización del Partido por intereses individuales y no grupales, que anulan nuestra aspiración al Bien Común y a la construcción de una sociedad justa y buena.

– Permaneceremos en el PDC para superar los monólogos políticos y  sociales y recuperar el diálogo ciudadano.

– Permaneceremos en el PDC para enfrentar los desafíos de la modernidad y de cara al siglo XXI.

– Permaneceremos en el PDC para volver a las organizaciones sociales y populares, allí donde está el pueblo que nos hizo grandes y nos entregó su confianza.

Llamamos, por tanto, a quiénes se identifiquen con esta expresión de fidelidad a la Democracia Cristiana a sumarse a esta voluntad que explicitamos los abajo firmantes, en la convicción que los Democratacristianos debemos permanecer en nuestro Partido, luchando sin pausa para que éste sea fiel a su identidad doctrinaria y al compromiso que desde siempre tiene y ha tenido con el futuro de Chile”.

Por Iván Navarro, Profesor; Guillermo Pérez, Abogado y Osvaldo Verdugo, Profesor

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