En Chile hay más de 72 mil niños y adolescentes, entre los 5 y 18 años, que no estudian y que están excluidos del sistema escolar e invisibilizados por la sociedad.

La mayoría se concentra en Santiago, pero en las regiones de Valparaíso son casi 7 mil; en la de O`Higgins, 6 mil; en la del Biobío, 5.800 y en la Araucanía, 5 mil.

Una suma contundente que justifica plenamente que estén considerados entre los 16 grupos vulnerables prioritarios en la iniciativa Compromiso País, que lanzó esta semana el gobierno y que reúne a instituciones públicas, a la academia, a la empresa y a las organizaciones de la sociedad civil para luchar juntos contra la pobreza en todas sus dimensiones.

Como Hogar de Cristo, siempre hemos trabajado con este criterio de focalización; así lo demuestra nuestra Matriz de Inclusión Social, que revela dónde están las mayores brechas en todas nuestras líneas de acción y es similar al Mapa de la Vulnerabilidad del gobierno.

Súmate, la fundación que dirijo, lleva dos décadas preocupada y ocupada de la inclusión de los niños y jóvenes que tienen vulnerado su derecho a la educación.

Contamos con 5 escuelas dedicadas a su reinserción -4 en Santiago y una en la región del Biobío-, pero por nuestra experiencia y la evidencia recogida en este tiempo, nos damos cuenta de que “las aulas de reingreso” son una solución complementaria liviana, más económica y escalable, que se puede incorporar a cualquier escuela o liceo interesados en devolverles  a los niños y jóvenes más vulnerables la educación y la inclusión social.

Las aulas de reingreso pueden ser una maravillosa y esperanzadora puerta que Compromiso País debe replicar en los territorios donde la marginación educacional es más acuciante. El momento es ahora.

Por Liliana Cortés, directora de Fundación Súmate